LEYENDAS · TESTIMONIO PERSONAL
EDDIE, EL GATO QUE CONTINÚA GUIANDO A OTROS A CASA
Primero regresó como un sonido familiar. Después volvió para mostrarles a tres pequeños dónde encontrarían refugio.

Dicen que nuestros amigos peludos no sienten y que no tienen alma. Pero están equivocados. Quizá ellos son más agradecidos que nosotros; quizá también saben amar con una pureza que los seres humanos hemos olvidado.
EL ÚNICO QUE SOBREVIVIÓ
Eddie apenas tenía tres meses de edad cuando lo encontré. Todavía era un bebé.
Había nacido en una estación de autobuses. Según contó la señora que realizaba la limpieza en aquel entonces, algunas personas habían abandonado allí a su madre porque no pudieron llevarla con ellos.
La gata sobrevivía como podía entre los andenes. Con el tiempo tuvo una camada, pero los demás gatitos murieron. Eddie fue el único que logró sobrevivir.
Hasta que un día su madre salió de la estación y nunca regresó. No sabemos qué ocurrió con ella. Probablemente murió en algún lugar, dejando a Eddie completamente solo y desamparado.

Fue entonces cuando lo encontré.
Aquel día terminó su vida en la estación y comenzó su vida con nosotros. Eddie conoció un hogar, recibió cuidados y descubrió lo que significaba ser parte de una familia.
Vivió hasta los cuatro años.
Murió envenenado por unos vecinos, pero algo de él parece haberse quedado en la casa donde fue amado.
EL REGRESO DEL 27 DE OCTUBRE
Cada 27 de octubre, poco antes del Día de Muertos, vuelve a suceder lo mismo: vemos la figura de un gato blanco cenizo corriendo entre las habitaciones.
Algunas veces apenas alcanzamos a distinguirlo. Otras solamente escuchamos sus pasos recorriendo los lugares por donde Eddie acostumbraba pasar.
Siempre ocurre en la misma fecha.

ESTA VEZ NO REGRESÓ SOLO
Hace poco sucedió algo diferente.
Tres gatitos bebés aparecieron afuera de nuestra casa. Y junto a ellos vimos a Eddie.
Parecía estar comunicándose con los pequeños, mostrándoles el camino hacia la entrada. Los tres gatitos lo siguieron, cruzaron la puerta y se adentraron en la casa sin miedo, como si alguien les hubiera dicho:
“Entren. Aquí viven personas que los cuidarán”.
Quizá Eddie nunca olvidó que también fue un gatito perdido. Quizá recordó aquella estación, la ausencia de su madre y el día en que alguien decidió llevarlo a casa.
Y ahora, cuando encuentra a otros pequeños abandonados, regresa para hacer por ellos lo que alguna vez alguien hizo por él: mostrarles el camino hacia un hogar.